lunes, 28 de septiembre de 2009

Los Reyes de Copas

Queriendo escribir una columna con referencia al botellón me encuentro con lo siguiente en la Wikipedia:
"El fenómeno ha sido estudiado por los sociólogos, que lo definen como: reunión masiva de jóvenes de entre 16 y 24 años, fundamentalmente, en espacios abiertos de libre acceso, para beber la bebida que han adquirido previamente en comercios, escuchar música, y hablar."

¡Según los sociólogos me encuentro en la edad límite para hacer botellón! Ya de un tiempo a esta parte me venían diciendo que como era que seguía bebiendo kalimotxo si eso se bebe cuando tienes 16 años. A esto yo siempre contestaba: los navarros tenemos kalimotxo en vez de sangre. Pero sí, los sociólogos saben que en el fondo nos hacemos viejos y nunca más tendremos 16 años.

Soy una ferviente admiradora de éste fenómeno social. Me encanta beber en la calle, sobretodo en verano. Por cuestiones económicas, hice botellones en todo el periodo universitario, aunque tengo que reconocer que intenté siempre recoger la calle y orinar en los bares. Se puede ser una fiestera, pero siempre con clase.

No creo que este mal disfrutar del fin de semana. Esta mal suspender los exámenes. Está mal no reciclar botellas de plástico. Está mal berrear la última canción de Franz Ferdinand en medio de una zona residencial, por mucho que mole mogollón y creas que cantas divinamente. ¿Pero alguien puede decirme que tiene de malo disfrutar de un par de cervezas en una plaza por la que no pasa ni chus? Porque sinceramente, yo no me lo explico.

Entre encuestas, opinión pública y diversas noticias aparecidas en TV nos encontramos con que el perfil del españolito medio es un alcohólico cirrótico que tiene por objetivo destruir el mobiliario público y mearse por las esquinas. Yo en la vida he visto más pis que en San Fermín y hasta donde yo sé son unas fiestas totalmente legales.

Vayamos por partes porque el tema tiene mucha miga. Entiendo que el hecho de que 10000 jóvenes se junten para arrimar cebolleta y ponerse más pedo que Alfredo sea preocupante pero… ¿porqué en Invierno no y en Verano si? Se han prohibido los botellones. Vale. ¿Y qué pasa con las fiestas patronales? ¿Y la nochevieja? ¿Y las bodas, bautizos y comuniones? ¿Y toda esa sarta de rituales paganos y no tan paganos (recordemos que en misa también beben vino, aunque con más moderación) en los que se consumen litros y litros de alcohol?

¿Dónde poner los límites? ¿A quién? ¿Porqué unos si y otros no? Pues sinceramente, tristemente y como siempre: la pela es la pela. ¿Gana una discoteca lo mismo si se hace botellón en sus cercanías? ¿Porqué es justo consumir alcohol en un sitio donde no solo te cuesta 10€ entrar sino que además te cuesta otros 10€ beber?

España es un país de merluzos. Toda esa gente que se escandaliza con los telediarios son los padres de una generación que solo se sabe manifestar porque no les dejan beber. Lo que le preocupa a un chaval de 20 años no es el calentamiento global, ni que después de 5 años estudiando una carrera vaya a cobrar 1000€. Le preocupa pillarse la taja y olvidarse de que mañana tiene que hacer de teleoperador para pagarse la matrícula el año que viene. Y a su padre le preocupa no poder dormir por las noches, en vez de que su hijo jamás podrá optar a una vivienda digna (los pisos de 40 metros cuadrados con habitaciones sin ventana NO SON viviendas dignas, digan lo que digan las inmobiliarias)

Y mientras tanto los Universitarios van al paro y la crisis los deja sin empleo, o con dos años de prácticas que para el caso es lo mismo. Para qué van a dedicarse a ayudar a la generación perdida (o de la ESO) si utilizan el mail para organizar macro-botellones. Hay que reconocer que original la idea es un rato, aunque la finalidad podría haber sido alguna un poco más delicada.

Amen de todo en España se vive fetén. Sino que se lo pregunten a los Nord-Europeos que se vienen de vacaciones, que no paran de suicidarse porque no ven el sol ni pueden hacer botellón en sus respectivos países. O a los Erasmus que sueñan con venir a pasar un año de farra. ¡Atentos a la imagen que damos al mundo! ¿Es la imagen de la innovación? Noooo ¿La de la creatividad? Tampocooo. Es la del ocio fácil y la diversión mundana. Somos los Reyes de Copas, lo que hay que decidir es si eso es bueno o es malo.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Sobre dietas y bombones.

Odio a mis amigas. Me conocen tanto como yo a ellas. Saben que estoy loca y que diga lo que diga cambiare de idea pasados unos 5 minutos aproximadamente. Son geniales pero su genialidad a veces me disgusta porque tienen razón en casi todos los aspectos de mi vida.

Hace cierto tiempo y después de un par de experiencias desagradables con el género masculino tomé la firme decisión de permanecer casta y pura durante más o menos 3 meses. Más que nada para nivelar lo que a mí me gusta denominar el Karma Sexual. La teoría del Karma Sexual es igual que la del Karma Común solo que en ámbito horizontal. Se trata (como bien dice nuestra amiga Wikipedia) de una energía metafísica (invisible e inmensurable) que se deriva de los actos de las personas. En resumidas cuentas: que tengas cuidado con lo que haces o las vas a pasar putas.

Como me había portado regular durante unos meses y se había terminado por complicar la cosa tomé la firme decisión de renovar mi Karma y así se lo comuniqué a mis amiguitas. En vez de palabras de apoyo o unas ligeras palmaditas en la espalda (vamos, lo que cualquier ser humano esperaría de sus más cercanas confidentes) se rieron de mi y me dijeron que no aguantaría ni dos semanas. Tras dar las gracias por los ánimos y la alta valoración de mi persona me fui de retiro espiritual a Méjico.

En Méjico todo fue de lujo. Lo siento por los mejicanos pero siento una irresistible atracción por los chicos altos y delgados. A poder ser un poco modernetes. Y en Méjico hay miles de millones de cosas maravillosas pero no hay chicos altos, delgados y un poco modernetes. O al menos yo no vi ninguno. Que le voy a hacer si me vuelve loca el producto nacional…

Al volver a Barcelona fue otro cantar. Las calles estaban abarrotadas de chatos guapísimos a los que sonreír tímidamente. Superado el Jet Lag y tratando de ir mirando al suelo desde que salía de casa hasta que llegaba al trabajo, terminé por acompañar a Sirena al gimnasio. Craso Error.

Sirena estaba a dieta y hacía bicicleta para bajar mas peso. Aquella tarde justamente habían juntado las bicicletas con las maquinas y allí estaba yo: en medio de una habitación llena de testosterona hasta los bordes, como si no hubiera visto a un chico de 25 años en toda mi vida. No es que me molen los musculitos pero atención chicas: no solo los musculitos van al gimnasio. Me enamoré cinco veces aquella tarde. Sirena me dijo que no tenía remedio y que empezaba a parecerme a un obrero de la construcción. Y eso con la cara de cría que tengo es bastante preocupante, con perdón a los obreros de la construcción.

Había pasado solo un mes y medio y ya lo estaba pasando fatal. ¿Qué tiene Barcelona que está llena de tíos buenos por todas partes? Para colmo, se me ocurrió celebrar la Welcome Back Aeris Mexican Party y claro está: teníamos que beber tequila y salir de fiestuki.

Allí estaba yo, en mi bar favorito escuchando Indie y bailando como una loca borracha. Y allí estaba él: alto flaco y modernete, cantando las canciones y preguntándome como me llamaba. Como ponerte a dieta y que te ofrezcan un Ferrero Roché. Es curioso que en una de esas épocas de sequía parezcas tener la lepra y no se te acerque ni chus a pedirte un triste cigarro. Sin embargo, cuando por lo que sea no puedes hacer nada (ya sea porque decides compensar tu Karma Sexual o, dios no lo quiera, por tener pareja) de repente aparece un mundo de posibilidades libidinosas.

¿Comerte o no comerte un bombón si estas a dieta? Todo es cuestión de fuerza de voluntad. Sirena ha perdido 8 kilos y está monísima. El final de verdad me lo reservo para conservar el intríngulis de la historia y la honorabilidad del caballero.

martes, 8 de septiembre de 2009

Méjico


























Porqué mi gato se llama Culo.

Hay cosas en esta vida que son muy difíciles de explicar:
¿De donde vienen los niños?
¿Cuál es el sentido de nuestra existencia?
¿Cómo llegaron a quedar dos quesitos en la caja si no se los había comido nadie?
Convivir con dos de tus mejores amigas es a la vez divertido y espeluznante. Divertido porque nos lo pasamos pipa. Espeluznante porque en cualquier momento podemos empezar una batalla campal de la que no se libre ni Culo.

Delipenda, Cloe y yo nos conocemos desde hace muchísimo tiempo. De hecho, es curioso, pero Delipenda y yo nacimos en la misma habitación. No es raro teniendo en cuenta de que las tres provenimos del mismo pueblo y la verdad es que allí no vive mucha gente. La población de toda Navarra es 6 veces menor a la de la Ciudad de Barcelona. Así que no: no es que el mundo sea un pañuelo, es que nacimos en su Culo (y esta vez sin hacer referencia a mi gato).

Tras años de caminos distintos en universidades distintas y con carreras distintas, Cloe y yo decidimos mudarnos a Barcelona, donde ya vivía Delipenda. Fuimos a vivir con un gayer muy majo que tenía un novio loco pero yo aun no tenia trabajo, así que no podía tener gato.

Cuando era pequeña e iba a casa de mi abuela al pueblo siempre jugaba con gatos. Año tras año escribía una escueta carta a los reyes magos:

Queridos reyes magos,
Para este año quiero un gato o un hermanito.
Espero que estéis bien dada la situación en el Asia Occidental.
Atentamente,
Aeris

Mi madre no quería ni oír hablar del primer asunto, mi padre del segundo. Bastante tenía ya con una hija que se despertaba a las 7 de la mañana a calcar dibujos de
Dragon Ball.

Un día traje un gato pequeñito y mi madre dijo que sacara de casa a esa bestia asquerosa, mientras corría a meterse en la cocina en medio de un ataque de histeria. Aquellas Navidades me regalaron un gato de peluche. Mis padres siempre han tenido un sentido del humor muy especial. A los 16 años pedí una moto. En navidades, debajo del árbol y sin ser yo ya una niña (ni creer en los reyes magos para el que le quede alguna duda) me dejaron una moto de juguete y plástico.
Touche.

Hartos de que año tras año enviara la misma carta me regalaron dos peces de colores con los que pretendían paliar mi sufrimiento mascotil. A la mañana siguiente aparecieron muertos. Uno se había comido al otro y el otro se había muerto de empacho. Recuerdo que con 7 años y en pleno trauma juré que un día tendría un gato, dijera lo que dijera mi madre.

Y eso nos devuelve al momento en el que empecé a trabajar y Delipenda, Cloe y yo terminamos viviendo juntas en Barcelona. Antes de la mudanza, Sirena me dio una buena noticia.
“Aeris, mi madre ha encontrado un gatito en la calle. Es muy bueno y sociable y juega un montón. ¿Quieres que te lo lleve?”. Respondí que si inmediatamente. ¡Al fin tendria un gatete! El único problema era que Delipenda era alérgica a casi todos los gatos y estaba a dos meses de vivir con ella.

Cuando nos lo trajeron me enamoré inmediatamente. Para el que no lo conozca diré que se parece a Fígaro, el gato de Pinocho. Para el que no conozca la peli de Pinocho diré que no tienen infancia. Delipenda vino a nuestro antiguo apartamento 15 días antes de la mudanza y se dio cuenta que podía soportar la alergia incluso viviendo con el gato en 45 metros cuadrados. El nuevo piso tenía 80 más un patio cubierto enorme donde instálanos a Culo, que aun no tenía nombre.

Sirena lo quería llamar Calcetines, porque es negro y tiene las patas blancas pero Cloe y yo no cometeríamos semejante injusticia a un pobre animal. A mi me gustaba Ninja o Panda. Viendo Muchachada Nui, Cloe dijo que deberíamos llamarle Ojete. Sirena nos contó que los gatos solo entienden dos sílabas así que Ojete no podía ser. Justo después de aquella interesante observación, Delipenda salio en pelotas de la ducha y Sirena empezó a chillar Culo, Culo, Culoooooo.

Cloe y yo reímos. Delipenda puso los ojos en blanco… “¡Es un nombre horrible para un gato!” Sirena opinaba igual pero ya era demasiado tarde… Mi gato se llamaba Culo.