lunes, 9 de noviembre de 2009

¡Sin matrimonio, nada!

El año pasado me lo pidieron como 10 veces, ninguna especial ya que no acepto ofertas después de una cena que yo misma he preparado. La gente emancipada se impresiona culinariamente por menos de nada. Yo que he sido una moderna desde tiempos inmemoriales opino que es mejor eso de vivir en el pecado, más que nada por eso de pecar, pero aun estamos jóvenes para tales menesteres. Los treinta ni siquiera se atisban aun en la lejanía.

En ese mismo año, en el que termine de volverme loca, seguramente por el stress o tal vez porque tocaba, tuve piedras en el riñón. Dejare a parte las historias sobre la sanidad catalana y dos ambulancieros de muy buen ver (eso será otro capitulo) para volver a la etapa actual.

Un precioso día de otoño, en el que gracias al calentamiento global gozábamos de un radiante sol, nos sentamos Delipenda, Cloe y yo en el salón a desayunar. No suelo hablar con mis compañeras de piso antes de alimentarlas por las mañanas, ya que gastan muy mala leche recién levantadas y valoro mucho mi integridad física. No abro la boca hasta que no lo hacen ellas. Esta fue la primera frase que me soltó Delipenda aquella mañana. Sin sacarina, ni azúcar, ni edulcorante ninguno:

- Deberíamos hacernos pareja de hecho.

Que quede bien claro (sobretodo para los lectores altos, flacos y frikis) que soy heterosexual sin duda alguna y que Delipenda y yo no tenemos ningún tipo de relación sentimental. Simplemente nos conocemos desde que nacimos y vivimos juntas. Nada más. 0 boyers.

- ¿Me estás pidiendo matrimonio?

Cloe empezó a reírse a carcajadas y Delipenda esbozó esa media sonrisa que pone cuando le da vergüenza algo. Ella fue la que me acompañó al hospital cuando me dio el cólico y sabe que sufrí mucho. Lo único raro de la situación es que hacia meses de aquello y no venia a cuento. A algunas personas podría extrañarles este contexto, pero a Delipenda de repente le da por pensar en papeleos y cosas de esas cuando no se puede dormir (lo que ocurre prácticamente todas las noches) y nunca sabes con que te va a salir por las mañanas.

- No. No te estoy pidiendo matrimonio- Risita nerviosa.- Solo digo que con eso de las piedras en el riñón tal vez seria conveniente que una de las dos se hiciera pareja de hecho tuya. Así nos avisarían si te pasa algo.

- ¿Y después adoptamos a Cloe?

- ¡Lo digo en serio Aeris!

- No me voy a casar con nadie sin catarlo primero, así que ya sabes lo que toca.

Después de sacarle los colores a Delipenda con cuatro o cinco comentarios soeces más dejamos el tema por zanjado. Creo que a estas alturas todo el mundo sabrá hasta que punto odio la burocracia.

Un par de meses después, contemplaba al fin la posibilidad de comprarme un piso. 3 habitaciones dobles, salón, cocina y baño. Y una terraza comunitaria justo encima a la que salir a dibujar edificios. Pero eso, tristemente, supondría el fin de nuestra convivencia. Había pensado en emanciparme de amigas y vivir sola con Culo en nuestro nidito de amor.

A pesar de tener muy buena relación con ambas, la convivencia es en ocasiones tediosa. Como suele decir Delipenda, somos 3 hembras alfa en 85 metros cuadrados así que por algún lado tiene que salir la tensión. La tensión y los vasos que friego todas las mañanas. Y las luces que apaga Delipenda a mi paso. Y el cubo de la fregona que siempre recoge Cloe.

La cuestión es que era hora de abandonar nuestro nidito y echar a volar hacia otras barriadas más céntricas que la fría Horta. Pero como una siempre tiende a nadar y guardar la ropa un buen dia le dice a Delipenda:

- Tal vez podríais veníos a vivir conmigo. Es solo una suposición pero…

- ¡Sin matrimonio nada!

1 comentario:

A continuación podrás introducir tu aportación lógica con toda la elocuencia de la que seas capaz. Te ruego utilices un lenguaje lo menos soez posible, que escribas correctamente y todo eso que dicen en el resto de Blogs que hay que hacer. Pero oyes, que si te da por faltar tu mismo… ¡Internet is Free!